Acoso sexual: el hostigador anda suelto


A Fernanda le molesta que su jefe en la oficina se le acerque y le quiera dar masaje en la espalda. Ella solo sonríe, no dice nada porque al final del día es su jefe y no quiere quedar mal con él. A María se le acercan mucho los hombres cada que no le toca sentarse en el metro,  pasan de un lado a otro buscando ese roce grotesco. A Carmen un sacerdote trata de abrazarla a la fuerza y le dice que no diga nada que el solo quiere sentirla a pesar de que ella es casada. Él se escuda en su prestigio de 30 años y su mandato divino de cuidar a las ovejas. El silencio ante el acoso hace que muchas mujeres sufran en soledad  mientras el hostigador anda suelto.

El acoso sexual en el mundo sigue siendo, de una manera desafortunada, una práctica común. En el ámbito laboral, en las calles, en el transporte público, en la escuela, en la cocina de un restaurante, e incluso dentro del mismo entorno familiar, este fenómeno sigue existiendo. Ninguna campaña es suficiente para frenarlo. El acoso sexual consiste en groserías, piropos obscenos, bromas con connotación sexual, miradas lascivas, y el más común de todos: el roce o contacto directo con alguna parte del cuerpo.

Recientemente los casos de acoso sexual del productor de cine Harvey Weistein han conmocionado al mundo de Hollywood. Varias celebridades han denunciado ser víctimas del hombre que prácticamente se pudiera pensar lo tiene todo. Sus películas han generado hasta 80 premios Oscar. Él ha usado su posición para abusar de aspirantes a actrices y hoy lo han puesto en el ojo del huracán. Jamás se podrá justificar un comportamiento así.  Su esposa al enterarse de lo sucedido decidió dejarlo. Y esto apenas inicia, los alcances se podrán descubrir más adelante. Habrá demandas, quizá cárcel.

Muchas mujeres no denuncian por falta de conocimiento, por vergüenza en muchos casos o temor a que a la persona que acusen debido a su posición cambie la historia y la victima sea la que termine pagando los platos rotos.  La falta de denuncia evita en muchos casos dimensionar esta problemática y evita que los casos sean atendidos oportunamente por las autoridades  competentes.  También muchas mujeres optan por no denunciar por la mala fama que luego ciertas dependencias se han ganado porque todo se puede arreglar usando influencias o con un soborno y echar el caso al archivo de los olvidos.

Para poder combatir de frente a este fenómeno  se debe fomentar la cultura de la denuncia de las mujeres porque solo así se puede proceder contra el hostigador.  Es importante que una mujer sepa reconocerse como víctima y que entienda que esto es un delito que se le puede poner un alto.  No hay que tener vergüenza ni culpa. Ningún hombre por muy alta posición que tenga se debe aprovechar de una mujer. Hombres aprendamos a respetar el territorio de las mujeres.  Esta práctica nociva de nuestra sociedad se debe eliminar.  Ninguna mujer debe pasar por alto cualquier comportamiento violento en su contra. Ella merece respeto a su integridad física. Si el hostigador sigue suelto seguramente seguirá practicando actos propios de un animal sin razonamiento. Denuncia ya.

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