Alan Pulido o El teatro del engaño

Carlos Quiñones Columnista


La historia del secuestro del futbolista Alan Pulido pudiera parecer un capítulo de La Rosa de Guadalupe. Y no es en tono de broma que lo digo, un secuestro jamás lo podrá nadie entender  salvo que se haya pasado ya por uno. El secuestro sucedió en Tamaulipas, uno de los estados donde más secuestros suceden en México. La noticia no se quedó solo en el estado sino que se expandió por todo el mundo ya que se trataba de una figura conocida fuera de nuestras fronteras. De España a Estados Unidos, de Argentina a Grecia, la nota era el secuestro de Pulido. Y el mayor impacto se dio cuando en solo horas se anunciaba que estaba libre, salvo y sano. ¿Cómo lo logró?, ¿Por qué el gobernador que nunca da la cara ahora sí lo hizo?, ¿Quién está a cargo del 066 en Ciudad Victoria?

El secuestro de Alan Pulido fue al salir de una fiesta junto con su novia mientras manejaba un BMW. Fueron interceptados, dejaron ir a la novia y se llevaron al jugador. La novia fue quien alertó primero a las autoridades luego el hermano por redes sociales hizo eco de la noticia. Los secuestradores pedían seis millones de pesos.

Todo apunta a que quien haya planeado el secuestro era un novato, quizá su primera vez. Gracias a un descuido de uno de los secuestradores el jugador pudo golpear a quien lo cuidaba, pudo escapar y llamar a la policía para dar su ubicación. Solo ahí nos damos cuenta de varias cosas: no estuvo nunca amarrado, el jugador vio a donde lo llevaron, tuvo acceso a un celular para llamar al número de emergencia y sorpresivamente la respuesta fue inmediata. No sé de historias de que alguien llame al 066 y la respuesta sea con rapidez y menos que el gobernador este pendiente del caso. De no ser porque luego México vive con el espíritu de sospechosísimo diríamos que es una hazaña de proporciones de película de Hollywood, algo así como un Bruce Willis en uno de sus éxitos taquilleros de “Duro de matar”.

En el libro “El teatro del engaño” de Emmanuelle Steels se relata el caso de Florence Cassez y de la banda de secuestradores Los Zodiaco. El asunto es que mientras uno lee el libro nos damos cuenta de que todo fue un montaje de un secuestro que nunca existió y que no hubo ni secuestradores, ni secuestrados, tampoco hubo una banda. Y es un caso que sigue vigente y que demuestra como en México prevalece una parodia de justicia que usa a personas y es capaz de triturar vidas para darle al publico un espectáculo mediático infinito y así permitir que un poder ciego actúe en la más absoluta de las impunidades. Incluso se atrapan a personas que no tienen velas en el entierro y hasta pagan condenas de 10 o más años. El caso del secuestro de Alan Pulido da para creer eso y más cuando Tamaulipas es un estado fallido y donde pronto hay elecciones. Las sospecha como oficio se ejerce las 24 horas del día.

No quiero dudar de Alan Pulido, quizá si se todo es un milagro y gracias a su capacidad física y mental logro escaparse de unos secuestradores. Ya se sabe que el esposo de una prima del futbolista fue quien dio la orden del secuestro y que juntos habían estado en el mismo lugar la noche cuando sucedieron las cosas. En un territorio donde abundan los secuestros este parece que ha sido el más tonto de todos por cómo se dieron las cosas para el escape. Aquí no se puede colgar una medalla nadie, ni el gobernador Egidio Torre Cantú que salió en la foto con el jugador del Olympiacos de Grecia y que dio la noticia de “su rescate” y que luego se supo fue “un escape” de sus secuestradores a la que le atribuyen ser una célula de Los Zetas. Yo al principio tuve la teoría de que los secuestradores al saber de quién se trataba mejor decidieron dejarlo libre. Pero recordemos que en Tamaulipas como en muchos otros lados hay historias tan inverosímiles como sospechosas. La jugada no le salió al gobierno tamaulipeco, es un gol anulado en cara a las próximas elecciones.