Consumir lo solo ‘Hecho en México’

hecho

 


El efecto del triunfo de Donald Trump el pasado 8 de noviembre rápidamente se manifestó en las redes sociales. Los mensajes racistas y las amenazas de deportación lanzadas en contra de millones de mexicanos radicados en Estados Unidos y la humillante propuesta de construir un muro en la frontera que deberán pagar los mexicanos, despertó el coraje de muchos que, pensando en la “revancha,” encontraron que donde más le duele a los grandes intereses de ese país es en el bolsillo y para eso es necesario afectar sus negocios radicados en México.

La periodista Mónica Cruz (El País, 13 noviembre 2016) informó que en Facebook se divulga una lista en la que se recomiendan acciones para que las lleven a cabo los estadounidenses inconformes con la victoria de Donald Trump. Señala que en México también hay quien anima a protestar por las consecuencias que podría traer al país. “Una serie de mensajes en cadena que se comparten en WhatsApp y redes sociales invitan a los usuarios a pegarle a Estados Unidos en donde más le duele: la economía. ¿Cómo? Dejando de comprar productos provenientes de ese país y consumir solo lo hecho en México.”

El discurso de Donald Trump, amplificado por los medios de comunicación por más de un año, comentado y analizado por diversos especialistas, generó el disgusto de muchos en los Estados Unidos y la incertidumbre entre quienes han sido sus aliados por décadas, pues amenaza con dejar sin validez acuerdos que se construyeron por medio de negociaciones en las que el más beneficiado fue Estados Unidos.

El voto que llevó a Donald Trump al poder fue el expresado por quienes aceptaron sus propuestas nacionalistas, racistas y las promesas  de que volvería a hacer de los Estados Unidos un gran país. Demagogia que atenta contra la globalización e interdependencia entre las naciones.

La propuesta que se presenta en las redes sociales es del mismo género. Apela al nacionalismo como mecanismo de rechazo a las empresas, negocios y productos de las trasnacionales de Estados Unidos radicadas en México, para que los capitanes de la empresa reclamen a su presidente Trump el retroceso que significa la práctica de su discurso.

La llegada de Trump al poder es dolorosa para países dependientes como México, pero también podría significar el principio de un esfuerzo interno que fortalezca la planta industrial que desde diferentes países llegó para invertir con la intención de aprovechar la proximidad con el mercado de los Estados Unidos. Muchos de ellos se quedarán porque saben que el presidente electo no es eterno y que los intereses de las empresas son más fuertes que las propuestas de la propaganda en campaña.

Las redes sociales son una realidad y están actuando. Tres ejemplos de los exhortos que circulan en las redes:

a)    “Señores, si tanto miedo le tienen a #Trump y a la subida del #dólar, pónganse a consumir bienes y servicios mexicanos, no esperemos la crisis de USA. Una forma de ayudar a recuperar y mantener la economía del país es comprar productos con el código 750 porque son mexicanos. Hagamos lo que nos corresponde o al menos intentémoslo: Fuera tiendas extranjeras de nuestra vida. Ni es Trump ni Hillary, reactivemos poco a poco nuestra economía.” (La Jornada, 13 noviembre 2016)

b)    “Ya se vio que la población de Estados Unidos es más racista y xenofóbica de lo que imaginábamos y ¿aun así le vamos a seguir mandando nuestro dinero o mejor lo dejamos a los comerciantes y emprendedores de nuestras colonias, estados y nación?”

c)    “En lugar de pantalones Levi’s compren Montero, que son de más calidad, en el extranjero se venden carísimos y, por cierto, se manufacturan en Aguascalientes. Dejen de comprar en Walmart o Costco y compren alimentos a productores locales o en negocios de las colonias, como las carnicerías o rosticerías. Si van a viajar escojan hoteles locales en lugar de cadenas extranjeras, como Hilton o Marriot.”

Para afectar al dólar y armar un boicot que cimbre a las grandes corporaciones de los Estados Unidos parecen insuficientes las redes sociales, pero el fenómeno podría crecer y lo hará en la medida en la que Donald Trump radicalice sus políticas y afecte a las empresas trasnacionales que, como la Ford, ya le dijo que no se plegará a sus designios.

Aquí en México la campaña en las redes sociales tiene los límites del acceso de la población a este mecanismo de comunicación al que no concurren los grandes grupos de consumidores que se mantienen al margen de la Internet.

Los empresarios mexicanos por décadas han insistido en la promoción del consumo de los productos hechos en México, la coyuntura podría ser propicia para impulsar esta demanda, que beneficia a la cadena productiva, pero sobre todo genera los empleos que muchos hombres y mujeres demandan y que, de haber existido, posiblemente muchos de los que tendrán que regresar, no se habrían ido.