Donald Trump en México y hasta la cocina

Carlos Quiñones Columnista


Se dice que al enemigo hay que tenerlo cerca y no lejos pero hay de enemigos a enemigos. La invitación de Enrique Peña Nieto a Donald Trump para visitar a México parecía una nota del Deforma (diario parodia de Reforma), y en un momento cuando Trump ya no daba para más, le cayó de perlas esta invitación.

Lo raro es que nadie invita a su casa a alguien que por más de un año lo ha estado humillando constantemente. Alguien que promete poner un muro y que además el humillado es el que lo tiene que pagar. ¿En que estaba pensando Peña Nieto cuando se le ocurrió esto?, la humillación a domicilio hoy tiene un capitulo inédito en la historia de nuestra nación.

trump_epn_mexico_800El aspirante presidencial por los republicanos se metió prácticamente hasta la cocina. Recibió la invitación al igual que Hillary Clinton a visitar un país en el que el horno no está para bollos. El gobierno mexicano tiene tantas heridas que una más se abrió el día que se anunció que el magnate aspirante a la Casa Blanca accedía a visitar Los Pinos. Una jugada que nadie la veía venir pero que los más optimistas pensamos que sería la perfecta oportunidad para encarar al enemigo y exigirle una disculpa pública a todo el pueblo de México y a los que viven en la Unión Americana. Ya que el contexto de su campaña y su programa electoral es irse con todo contra México. Trump odia a nuestro país por mas que diga que no.

Trump nos ha llamado criminales, violadores, personas que solo traemos problemas. Quiere construir una especie de muralla china en la que aunque no lo crean seguramente de hacerse seria hecha con mano de obra mexicana. Un muro que no tiene sentido desde que se concibió la idea. Un muro que dividiría a dos vecinos que se necesitan y que llevan mucho camino recorrido junto como para que llegue alguien y utilice esta idea como tema de campaña y que de paso lo lleve a la presidencia de Estados Unidos. Su llegada a México parecía imposible, era como el sueño guajiro de cualquier enemigo de nuestro país. El asunto es que la invitación era real y Trump aceptó tan rápido que tomó a presidencia en curva. Estoy seguro que ellos no lo vieron venir. La invitación estaba hecha y la noticia se supo primero por medio del Washington Post, ni siquiera se originó en nuestro territorio.

Era insólito ver esa imagen de Peña Nieto y Trump juntos en una conferencia que después se tornó a favor del invitado, de la persona que más ha humillado a México en décadas. Trump reiteró la construcción del muro, Peña Nieto no dijo nada. Después un una conferencia de prensa improvisada dijo que no se había discutido quien lo pagaría, Peña Nieto no dijo nada. Trump no ofreció una disculpa pública por hablar tan mal de los habitantes del país que visitaba, Peña Nieto no dijo nada. Y luego vino la fotografía de ambos dándose la mano. Esa foto le dio la vuelta al mundo, nuestro presidente le dio legitimidad a la candidatura de Trump, su primera foto con un estadista, con su vecino con el que tantos negocios han hecho y con el vecino al que tanto ha maltratado. Un error histórico del que todos fuimos testigos. Los de aquí y los de allá nos sentimos traicionados. Nuestro presidente no nos defendió, no encaró al enemigo y salió triunfador. El daño estaba consumado. ¿Y ahora que sigue?

El viaje solo fue por unas horas, Trump viajaría después a Arizona, estado en su mayoría de mexicanos, y dio su plan de migración. Recalcó que el muro se haría y con una sonrisa atestó: Y México lo pagará, ellos aun no lo saben pero así será. Los gritos de los asistentes no se hicieron esperar. Esto le dio oxigeno a su campaña y Hillary desde sus redes sociales nos daba la razón: ¿a que fue Trump a México?, un año de humillaciones no se olvida con una visita. Clinton ya dijo que no visitaría México, tiene otras cosas que hacer que hacerle segunda al magnate que de pronto sube en las encuestas después de esta visita. Solo falta que de las gracias a Peña Nieto por este nuevo respiro en su campaña. No lo considero traición a la patria pero si quizá el revés más letal de la administración actual. Pero qué necesidad, diría Juan Gabriel. Noviembre ocho esta ya a la vuelta de la esquina.

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