Espejo y reflejo de la muerte


El escritor Octavio Paz escribió: “La muerte es un espejo que refleja las varias gesticulaciones de la vida”. México celebra el día de muertos,  una paradoja que otras culturas no creo alcancen a comprender. El mexicano llora cuando se muere alguien, no llora la muerte sino la ausencia,  pero después de tiempo celebra esa muerte. Quizá el hecho de que ya pasó el duelo motive a aceptar la realidad y pensar que esta en un mejor lugar esa persona amada.

No es fácil hablar de la muerte cuando esa muerte fue de manera trágica como las personas que fallecieron durante los sismos de septiembre de este año. Hay personas que no quieren hablar con nadie, desean tener un duelo en silencio, de manera personal. ¿Qué se le puede decir a una persona que recién ha pasado por la muerte de un ser querido?, muchas veces la solo presencia basta. No nos corresponde indagar como sucedieron las cosas. Si la persona accede a hacerlo, bien. Si no, entonces solo hagamos acto presencial para que esta persona no se sienta del todo sola. Estoy seguro que esto aplica no solo a México sino a cualquier parte del mundo. La muerte es universal cuando físicamente alguien ha dejado de vivir.

El mexicano siempre busca un pretexto para festejar algo. La muerte es una de esas festividades, son demasiado coloridas, se levantan altares, se les lleva flores a las tumbas. Se hacen “calaveritas” de azúcar. Hay quienes creen que los muertos regresan para disfrutar de lo que tanto les gustaba de vivos. Son tradiciones de siglos. La persona aunque ya murió, al seguir presente en la memoria de los familiares eso hace que siga con ellos. Es el pretexto para que la familia se vuelva a unir. La muerte hace que amistades reaparezcan, que vecinos se vuelvan a hablar. Una tragedia se vuelve una válvula de escape para los rencores y una puerta abierta a la celebración. Somos raros, somos únicos. Somos polvo y al polvo volveremos.  Es la muerte viva en tradiciónes. Es México.

“La muerte moderna no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores. En casi todos los casos es, simplemente, el fin inevitable de un proceso natural. En un mundo de hechos, la muerte es un hecho más. Pero como es un hecho desagradable, un hecho que pone en tela de juicio todas nuestras concepciones y el sentido mismo de nuestra vida, la filosofía del progreso (¿el progreso hacia dónde y desde dónde?, se preguntaba Scheler) pretende escamotearnos su presencia. En el mundo moderno todo funciona como si la muerte no existiera”, escribe Paz en “El laberinto de la soledad”.

¿A dónde se van los muertos al morir?, es una pregunta común entre los seres humanos. Y es aquí cuando la fe juega un papel fundamental. Es por fe que creemos que se han ido cerca de Dios. Es por fe que creemos que siguen entre nosotros. Es por fe que creemos que los volveremos a ver una vez que nos toque a nosotros vivir la muerte. Así de paradójica la vida. Nos creemos eternos pero lo somos ya fuera de este mundo. La muerte todos los días está presente pero no sabemos cuándo es cuando nos tocará partir a mejor vida. Y decimos a mejor vida porque cualquier dolor que aquí en vida se sienta, ya no será así en donde estemos. Al menos eso pensamos.  Al menos así queremos que sea.

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