Generación 2017: los nuevos héroes de septiembre

La Ciudad de México fue fundada en 1325, es la ciudad más antigua del hemisferio occidental. México: el ombligo de la luna, el origen de todo. Entre nacer y morir transcurre nuestra vida. Y en ese lapso intermedio, pasan muchas cosas.

La capital mexicana es una ciudad de varias capas, la primera es la que nace después de la conquista, luego entra la capa barroca, luego la neoclásica, luego la ciudad afrancesada y luego ya entra la modernidad. De esta zona parte la historia de nuestro país. Cuando algo duele ahí, le duele a todos. El sismo del 19 de septiembre de 2017 no fue el fin del mundo, solo fue una sacudida que nos recuerda lo débiles que somos y lo mucho que tenemos con solo despertar.

Este nuevo sismo esta desencadenando una enorme movilización social. Son los jóvenes los que están tomando la iniciativa para levantar los escombros, para conseguir la ayuda, para avisarle a la población, sin necesidad de la televisión, los que crean aplicaciones para móviles para que la información sea verificada.  ¿Dónde?, ¿cómo? y ¿cuándo? reunirse para llevar las cosas que se necesitan para los rescates. Muchos ya no confían en las autoridades, están buscando llevar ellos mismos la comida, la ropa, las medicinas que son necesarias. La falta de liderazgo de pronto se vuelve a poner en entre dicho cuando se inventa el rescate de una niña llamada Frida, y después, Sofía, y después un fantasma infantil que nos regresó a Monchito, el de 1985. Niños inexistentes, que solo hicieron perder el tiempo valioso para enfocarlo en otras zonas.

Voluntarios llenaron botes con escombro, y con cadenas humanas empezaron a limpiar las áreas. Operación hormiga. Bomberos y soldados unidos con jóvenes capitalinos formaron el equipo de ensueño de cualquier nación. Un brazo con el puño cerrado en alto indicaba que hubiera silencio, posibles vidas se podían escuchar gemir de entre paredes caídas. No todos los días se vive un sismo de 7.1 en la capital más poblada del mundo. Esta es una historia de tragedias, pero también de esperanza y solidaridad a toneladas. Hay mucho por hacer, nada se resuelve en 24 horas. Frida (la perrita rescatista) se va a casa satisfecha de que ayudó en lo que pudo.

“Amaras a tu prójimo como a ti mismo”, dice la Biblia, hoy México aplicó este versículo que no pierde vigencia. Morelos, Puebla, Oaxaca, Chiapas, también han visto llegar la ayuda aunque como siempre con mayores dificultades. A todos se les ha pedido paciencia. El pueblo vía redes sociales ha pedido que se le cancele el dinero a los partido políticos y se emplee entre los afectados. Se dice que es más fácil sacarle agua a una piedra que un peso a un político, hoy la historia está a punto de cambiar. Hoy vemos un “nuevo” México resurgir, una nueva capa se le agrega a una cada vez más gruesa piel de lo que fue la gran Tenochtitlán.

Si de por si es difícil predecir un sismo, jamás nadie pensaría que sería en otro 19 de septiembre y a 32 años de distancia. En 1985 la ayuda tardó y aunque si hubo organización,  jamás se podrá comparara con la de esta generación de 2017. Los buenos samaritanos salieron a las calles en masa. Había muchos lugares donde había demasiadas personas queriendo ayudar que les decían que se fueran o esperaran turno. Ese México es quizá inédito para el mundo pero para los de casa es algo que siempre ha estado presente.

Somos solidarios por naturaleza, es parte de nuestro ADN. Mi esperanza es que así como estamos de unidos, así sigamos todos los días, todas las semanas, todos los años. México es grande y con este sismose ha mostrado la verdadera cara que tiene, no la de la máscara que esconde sus miedos sino la de una bondad que ha sorprendido a otras naciones que cortésmente accedieron a mandar ayuda. Hay cupo para nuevos héroes de septiembre; los de 1810 y los de 1985 están más que satisfechos con los de 2017. Fuerza México.

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