La corrupción como estilo de vida o las trampas del soborno


Ser corruptos no es parte de nuestro ADN sin embargo es algo con lo que convivimos diario. Lo queramos o no, y por difícil que sea de admitir, todos somos unos corruptos en potencia. Es muy fácil dar un soborno a cambio de un servicio rápido. Eso ya nos hace corruptos.

De acuerdo con un informe de Transparencia Internacional, México tiene el índice de percepción de corrupción más alto de todos los países de Latinoamérica. En un documento llamado “Las personas y la corrupción: América Latina y el Caribe”, el 51 % de los mexicanos a los que se pudo entrevistar afirmaron haber pagado algún tipo de soborno, o entregado “dadivas” a algún funcionario para acceder a servicios u obtener algún documento de importancia.

La corrupción la encontramos por todas partes. Cuando un tránsito nos detiene y para evitar que nos quite las placas le damos cierta cantidad con tal de que nos deje ir. Cuando un gobernador, por ejemplo en Chihuahua o Veracruz, en vez de administrar los recursos públicos los desvía a sus cuentas personales para comprarse ranchos o casas en el extranjero. En las iglesias donde se puede llegar a corromper la fe de los fieles malinterpretando domas o manipulando ciertos principios en beneficio de los que llevan las riendas de las mismas. Y aunque no es algo exclusivo de los mexicanos, es en nuestro país donde más se vive que en otras partes del mundo. La corrupción está en todos lados, desde el mexicano de a pie hasta las instituciones sociales y políticas.

¿Qué es lo que hace falta para que la corrupción no sea nuestro talón de Aquiles?, en si lo que hace falta son leyes más severas que castiguen este delito. Por años viví en la frontera de Ciudad Juárez y El Paso, Texas. Siempre me pareció impresionante la manera en la que cambiamos como conductores al pasar de un lado a otro. Al hacer la línea en un cruce fronterizo era normal ver a personas tirando basura por la ventana, no usar el cinturón de seguridad, no traer a los niños bien sentados. Al cruzar “al otro lado”, las cosas cambiaban por completo. Las leyes en Estados Unidos se obedecen o las multas son hasta por cientos de dólares. ¿Por qué allá si y acá no? siempre fue una pregunta que me hacía.

La llamada “tranza” y “mordida” son palabras tan mexicanas como molcajete o cacahuate. La corrupción es tan antigua como el mexicano mismo. En todos lugares y épocas el mexicano se ha visto envuelto en este tipo de prácticas. Por eso muchas personas recuerdan a ciertos héroes nacionales que se supone nunca lo fueron como Benito Juárez que durante el tiempo de la republica errante no cobro ni un peso, no tenía ni para zapatos. No había dinero y donde quiera que iba desde San Luis Potosí hasta Paso del Norte era ayudado por el mexicano común y corriente. Ser honesto cuesta pero la historia no lo olvida. Caso opuesto a Carlos Salinas de Gortari que si bien nunca se le ha comprobado nada si se dice que se llevó millones al terminar su sexenio.

Recientemente con el sismo del 19 de septiembre a muchas personas les era difícil decidir ayudar monetariamente porque existe la creencia de que el gobierno se queda con el dinero. Es tanta la fama del gobierno corrupto que personas tuvieron que crear sus propias iniciativas de recolecta de dinero para que ellos mismos hiciera posible que la ayuda llegara a su destino sin intermediarios. Debemos cambiar, no hacer del soborno nuestro pan de cada día. Aplicar leyes más severas. Quitar fueros. Empezar desde nuestra casa. Científicamente no está demostrado que los mexicanos llevemos un gen de corrupción en nuestro mapa genético, sin embargo si nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Cambiemos ya.

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