La forma de Guillermo del Toro


Hay personas que nacen con súper poderes. Unos los utilizan para bien y otros para mal. Unos para pelear con sus demonios y otros para jugar con sus monstruos. Guillermo del Toro desde niño sabía que quería era hacer cine, dirigirlo, escribirlo, fabricarlo a su gusto. Su opera prima la realizó en México, Cronos (1993) fue su incursión en el cine de fabula, un cine que busca la originalidad, un espacio en el tiempo. Y lo ha logrado. Hoy se da el lujo de hacer el cine que quiere, cuando quiere y en cualquier parte del mundo.

Su más reciente producción se titula La forma del agua, una historia donde una conserje muda y una criatura acuática de las amazonas se conocen en circunstancias muy extrañas en unas instalaciones secretas de Baltimore en 1962 y empieza un romance lleno de música, cautiverio y huevos cocidos. De entrada la ida resulta descabellada y es ahí donde entra el toque Del Toro. El filme está ambientado en la época de la guerra fría y previa al asesinato de John F. Kennedy. Los colores son tan exactos que parecería que la película fue hecha con crayolas a mano. Es un homenaje al cine mismo. Tiene reflexiones que no pasan de moda como la tolerancia, el amor y luchar por lo que se quiere. La forma del agua es una poesía en movimiento que el mexicano tenía en mente por décadas pero en 2011 decidió que ya era tiempo de poner el proyecto en el celuloide.  Se puso a escribir. El resultado es fantástico. Se agradece todo el tiempo invertido.

Del Toro escribió varios de los papeles principales pensando en quien los iba a interpretar. Él ya le tenía cara a cada personaje, incluyendo quien le haría de anfibio. Ahí que resulte ser una película muy personal. Esta fabula llena de matices reales es una historia al revés. Es una historia de la bella y la bestia pero con el ingenio del mexicano que lo llevó a ganar el León de Oro en el Festival de Venecia. En las historias tradicionales el monstruo está condenado a que le vaya mal, a que sea derrotado, a que se quede con las manos vacías. Del Toro cambia radicalmente este concepto y hace que el amor salga triunfante. Es imposible pensar en un romance entre una mujer muda y un anfibio que tampoco habla pero que tiene hasta poderes curativos. La idea  pudiera asustar pero termina por enamorar.

En 2018 Guillermo del Toro corona su trabajo de 25 años. De Cronos a La forma del agua, de México para el mundo. En los Globos de Oro en su edición 75 se llevó el galardón como Mejor Director. Apenas el tercer latinoamericano en conseguirlo y curiosamente amigos del laureado lo ganaron con anterioridad: Alejandro González Iñarritu y Alfonso Cuarón. Los tres amigos han logrado poner a México en boca de muchos, su arte traspasa fronteras. Tras los premios en Venecia y ahora el Globo de Oro, suena como el favorito para ganarse el Oscar y ponerse a la par de sus compatriotas. Guillermo del Toro, un mexicano universal que entiende que la muerte es el fin pero que mientras esté vivo hay que subirse al tren de la vida, amar mucho y seguir escribiendo lo que sus monstruos le sigan dictando.

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