Mamá: complice y amiga


Nací en Ciudad Juárez, Chihuahua, en la misma ciudad que nació mi mamá. Esa es sola una de las muchas similitudes que tengo con ella. Nunca fui víctima de carencias emocionales y aunque en ocasiones estuvo ausente por cuestiones laborales, siempre desde niño fui testigo de una mujer que todo lo que hacía, era por y para sus hijos. Jamás me reprendió con agresividad, su paciencia era ejemplar a pesar de ser muy joven. Jamás fue una madre autoritaria, injusta o manipuladora, más bien era la amiga que todo mundo quisiera tener para acercarse con la confianza con la que un niño se acerca a quien le ofrece caramelos.

El oficio de ser madre no es algo con lo que se nace, pero por algo Dios decidió que fuera la mujer quien diera vida. Dios quiso verse en todas partes a la vez y le dio el amor ágape a la mujer para que pudiera crear. Su estima sobrepasa a las piedras preciosas, y prefiere pasar ella frío a que sus hijos sufran la falta de cobijas. De noche se levanta para atender el llanto sin cesar del recién nacido, de día prepara el pan para asegurarse que algo entre al estomago de lo que es su creación; su regalo de por vida, su misión en este mundo. Cuando ella habla lo hace con sabiduría, ella sabe más que nosotros aunque con el tiempo pensemos que es lo contrario, al final nos damos cuenta lo equivocados que estamos al pensar esa tontería.  La sabiduría de una madre no tiene límites, se aprende mucho de ella hasta sin ni siquiera ella misma proponérselo.

Muchos sin quererlo somos lo que somos gracias a ella y aunque el padre siempre tendrá una influencia muy fuerte en nuestro carácter, es la madre quien nos enseña entre otras muchas cosas por ejemplo la bondad. En mi caso mi mama  me enseñó la tolerancia, con fortaleza y determinación me inculcó los valores que rigen mi vida desde que tengo memoria. Gracias a ella descubrí que hay un Dios que todo lo ve y en quien confiadamente me puedo acercar. Su tiempo siempre fue el más valioso para mí, estar cerca de ella era como tener a una maestra en casa, una enfermera, una corredora de bolsa, una arquitecta de vida en vida. Una amiga fiel de principio a fin.

Hay personas no tienen a su mamá cerca o su barca tuvo que partir a cruzar otros mares, a estar cerca del Creador. Por eso luego estas personas adoptan a otra mujer como su madre para tener ese calor fraternal que solo ellas saben dar. Los que tenemos aun a nuestra madre sabemos lo especial que es, su sola presencia reclama respeto, exige atención, prohíbe agresión, invita a mostrar un amor muy exclusivo en este mundo que hasta el simple hecho de que alguien enojado nos recuerde esta fecha tan importante como la que es el 10 de mayo nos hace poner a la defensiva.

El amor de madre es universal, es inalterable, puede que haya alguna diferencia en la forma pero la esencia en cada parte del planeta se mantiene. El amor de una madre es inagotable. A veces parece cansarse pero en realidad solo está tomando un descanso para seguir con su lucha diaria de sacar a sus hijos adelante. Su amor es incondicional por definición y no espera nada a cambio. Daria la vida sin dudarlo y prefiere el dolor propio al de los hijos. Aun si un hijo es problemático, le presta más atención, si está enfermo es a quien atiende con mas ahincó. Es capaz de multiplicarse para estar en todas partes en todo momento. ¿Cómo le hacen?, ¿Cuál es su secreto?, ¿Pueden volar?

Gracias a mi mamá por todo su amor y complicidad. Felicidades a todas las mujeres que tienen el privilegio de ser madres. Su tesoro esta en el cielo por tan difícil labor, Dios las recompensara una por una. Gracias por existir porque gracias a ustedes existimos nosotros.

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