El robo del siglo: Navidad 1985

El 25 de diciembre de 1985 quedó marcado en la historia de México como el día que sucedió el robo del siglo. Era la primera navidad después del devastador sismo del 19 de septiembre. A las 8:00 de la mañana los vigilantes del Museo Nacional de Antropología descubrieron siete de sus vitrinas saqueadas. Las primeras investigaciones arrojaron la desaparición de 145 piezas, otras versiones hablan de 140. Carlos Perches Treviño y Ramón Sardina Garcia se brincaron la cerca del museo, cruzaron el jardín y entraron a la Sala Maya a través de los ductos del aire acondicionado y en tres horas se apoderaron de más de un centenar de piezas pertenecientes a las colecciones maya, mexica y de Oaxaca. El vehículo utilizado fue un Volkswagen. Más de tres décadas después se sigue considerando una hazaña y la historia ha sido llevada al cine teniendo como uno de sus protagonistas al Globo de Oro, Gael Garcia Bernal.

Entre las piezas más importantes estaba una máscara zapoteca del dios murciélago, una vasija azteca  de obsidiana con forma de mono, casi en su totalidad la ofrenda de la tumba del rey Paka procedente del Templo de las Inscripciones de Palenque, y el pectoral de Yanhuitlán con forma de escudo con flechas y cascabeles. En ese momento las piezas no estaban aseguradas. El valor era incalculable. Solo una de las piezas por su importancia podría alcanzar los 20 millones de dólares (en 1985). Este tipo de piezas solo se pueden comprar en un mercado negro pero sabiendo que no las podrán exponer en ninguna parte. Muchas de estas piezas terminan en manos de coleccionistas que solo por “amor al arte” deciden pagar cuantiosas sumas con tal de tener un pedazo de historia.

Contra lo que pudiese pensarse en México cualquier persona puede tener en su casa piezas arqueológicas y decorar sus vitrinas o mesas de centro. Incluso pueden formar su propia colección e irla acrecentando poco a poco. La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas establece que cualquier persona puede tener bajo su resguardo piezas arqueológicas, las que así desee, siempre y cuando las registre en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para así evitar su venta ilegal. Al ser piezas que son patrimonio nacional estas personas tienen de cierta manera solo prestadas las piezas, no les pertenecen 100 %. Quizás las heredaron de antepasados o se las encontraron. El INAH entonces les da una “concesión de uso” y hasta la década pasada se tenía un registro de más de un millón de piezas. Eso sin contar con los que han encontrado y no las ha reportado ni registrado.

El 10 de junio de 1989 se realizó un operativo en una casa de Ciudad Satélite después de una investigación en la que una llamada por parte de Carlos Perches y un narcotraficante fuese clave. En la llamada rastreada se hablaba de un negocio de venta de joyas y del “arte más grande de México” (refiriéndose al botín de la Navidad de 1985). La investigación duró siete meses. Todo apuntaba que en la casa de Perches estaban las piezas arqueológicas y así fue. Se recuperaron todas las piezas excepto dos. Después se supo que un empresario y un periodista habían adquirido los faltantes. Por orden del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari se habló con estas dos personas y accedieron a devolver las piezas. En 2017 se filmó, con algunas libertades creativas, la historia basada en este robo. Su estreno será este 2018 y ya participó en el Festival de Cine de Berlín y se llevó el Oso de Plata por Mejor Guion. La historia del robo de siglo es de esas historias que esperamos nunca más se vuelva a repetir.

 

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