Cheyenne Roundtree publicó en Rolling Stone un análisis basado en millones de documentos judiciales desclasificados sobre Jeffrey Epstein, en el que se examina cómo el financista utilizó la música como parte de sus dinámicas de influencia y manipulación (Roundtree, 2026). Los archivos, divulgados por el Departamento de Justicia tras una iniciativa legislativa bipartidista, aportan nuevos elementos sobre la personalidad y las estrategias interpersonales de Epstein, más allá de los delitos por los que fue acusado en 2019. El reportaje sostiene que la música no fue un simple pasatiempo para Epstein, sino una herramienta integrada en su vida cotidiana y en sus relaciones.
Según Roundtree (2026), los correos electrónicos y registros digitales muestran que Epstein solicitaba insistentemente listas de reproducción a jóvenes de su entorno, muchas veces vinculando esos pedidos a favores o apoyos personales. En varios intercambios, el empresario alternaba elogios con reproches cuando las listas no eran entregadas con rapidez. Este patrón, descrito como una forma de presión emocional, evidenciaría una dinámica de control en la que incluso actividades triviales, como compartir música, quedaban insertas en relaciones desiguales de poder.
El artículo también documenta que Epstein fomentaba conversaciones sobre música clásica y teoría musical, incluyendo referencias a compositores como Claude Debussy, para proyectar una imagen de sofisticación cultural (Roundtree, 2026). Paralelamente, animaba a conocidos a utilizar plataformas digitales como Spotify y mantenía múltiples listas de reproducción que abarcaban géneros como soft rock, música clásica, jazz y pop contemporáneo. No obstante, los registros de consumo musical revelan preferencias más convencionales que la imagen de refinamiento que intentaba transmitir.
Además de la música, los documentos muestran un patrón similar en el consumo de películas y contenidos digitales, así como en la gestión de dispositivos tecnológicos. Roundtree (2026) señala que Epstein invertía recursos significativos en descargas, suscripciones y soporte técnico, evidenciando un interés constante por el entretenimiento y la curaduría de contenido. Estas prácticas, aunque aparentemente banales, se integraban en una red más amplia de interacciones sociales y favores.
En conjunto, la investigación concluye que los archivos desclasificados contribuyen a desmontar la narrativa pública que presentaba a Epstein como un mecenas cultural enigmático. En cambio, lo describen como un individuo que instrumentalizaba intereses culturales incluida la música para reforzar su influencia y sostener relaciones marcadas por la asimetría de poder (Roundtree, 2026). De este modo, la música emerge en el reportaje no solo como contexto, sino como un recurso estratégico dentro de un entramado de abuso y manipulación.

