El acelerado crecimiento del número de mascotas en China refleja un cambio profundo en las prioridades de los jóvenes adultos, quienes cada vez más optan por perros y gatos en lugar de hijos. Factores económicos —como el estancamiento del crecimiento, la presión laboral y el alto costo de vida— se combinan con transformaciones culturales que han debilitado la idea tradicional de matrimonio y maternidad. Para muchos, las mascotas representan compañía y estabilidad emocional sin las exigencias financieras y sociales asociadas a la crianza de un niño en un entorno altamente competitivo.
Este giro generacional preocupa a las autoridades, que enfrentan una caída demográfica marcada por cuatro años consecutivos de disminución poblacional. A pesar de haber flexibilizado la política de natalidad —primero eliminando el límite de un hijo y luego permitiendo hasta tres— los nacimientos continúan desplomándose. En 2024, China registró menos de 8 millones de nacimientos, la mitad que hace una década, mientras que las tasas de matrimonio también descendieron a niveles históricos. Los incentivos gubernamentales, como subsidios para el cuidado infantil y ampliación de licencias de maternidad, no han logrado revertir la tendencia.
La preferencia por las mascotas se ha consolidado como un fenómeno social. Datos de Goldman Sachs indican que en China ya hay más animales de compañía que niños menores de 4 años, y que para 2030 la brecha será aún mayor. Para muchos jóvenes, criar un perro o un gato es una alternativa “responsable” frente a la incertidumbre económica, la discriminación laboral por edad y la presión educativa que enfrentan las futuras generaciones. La ausencia de competencia escolar, el menor costo y la flexibilidad emocional convierten a las mascotas en una opción más accesible y menos estresante.
En ciudades como Beijing, dueños de tiendas de mascotas y servicios de grooming confirman que gran parte de sus clientes son parejas sin hijos que tratan a sus animales como miembros plenos de la familia. Aunque algunos no descartan tener hijos en el futuro, reconocen que hoy no pueden garantizar las condiciones que consideran necesarias para criarlos. En contraste, cuidar de uno o varios animales les permite experimentar vínculos afectivos sin comprometer su estabilidad económica. Para muchos, es una forma de “ser padres” sin cargar con los sacrificios que exige la crianza tradicional.

