Elon Musk parece haber dado un giro inesperado en su visión energética. Según el reciente documento de oferta pública inicial de SpaceX, el empresario ha desplazado su enfoque de la energía solar terrestre hacia proyectos de generación en el espacio, dejando en segundo plano las metas de electrificación que marcaron los primeros planes maestros de Tesla.
Mientras Tesla había defendido la transición de los hidrocarburos hacia una economía solar eléctrica, xAI —otra de las compañías de Musk— ha optado por instalar decenas de turbinas de gas natural para alimentar sus centros de datos, con planes de invertir 2.8 mil millones de dólares adicionales en esta infraestructura. Aunque xAI ha adquirido baterías Tesla Megapack para gestionar cargas, no ha invertido significativamente en paneles solares.
El documento de SpaceX enfatiza que el futuro de la energía está en órbita. La compañía sostiene que los paneles solares espaciales pueden generar hasta cinco veces más energía que los terrestres gracias a la iluminación constante. Sin embargo, los retos económicos y técnicos son considerables: desde los altos costos de lanzamiento hasta la protección de chips frente a las condiciones extremas del espacio
Musk justifica esta apuesta con proyecciones de crecimiento exponencial en la demanda de cómputo para inteligencia artificial, estimando necesidades de un teravatio adicional cada año. Aunque esta visión responde a su estilo de pensar en “primeros principios”, la realidad es que aún existe un vasto potencial para expandir la energía solar en la Tierra.
El contraste es evidente: apenas tres años atrás, Tesla presentó el “Master Plan Part 3” con la meta explícita de eliminar los combustibles fósiles. Hoy, la dependencia de gas natural en los centros de datos de xAI refleja una contradicción que podría socavar esa promesa inicial.

