La aguja café (Limosa haemastica), una de las aves migratorias más extraordinarias del hemisferio occidental, realiza cada año un viaje de hasta 30 mil kilómetros entre sus zonas de cría en el Ártico y la Patagonia. Sin embargo, su población ha disminuido 95 % en las últimas cuatro décadas debido a una combinación de presiones ambientales asociadas al cambio climático y a la transformación de los ecosistemas costeros. La especie figura entre las 42 propuestas para recibir protección internacional durante la COP15 de la Convención de Especies Migratorias, celebrada en Brasil.
Investigadores señalan que las aves dependen de recursos alimenticios abundantes y predecibles en cada etapa de su ruta, una condición que se ha vuelto cada vez más inestable. En el Ártico, el adelanto de la primavera ha generado un desfase entre el nacimiento de los polluelos y el pico de disponibilidad de insectos, su principal alimento. Además, las agujas café han comenzado a migrar seis días más tarde que hace una década, lo que sugiere alteraciones en las señales ambientales que utilizan para sincronizar sus desplazamientos.
En el extremo sur del continente, la expansión de la acuicultura de salmones y ostras en Chile ha incrementado la presencia humana en zonas costeras clave para la alimentación de la especie. A ello se suman los cambios en las prácticas agrícolas en Estados Unidos, que han reducido la disponibilidad de humedales someros, obligando a las aves a invertir más tiempo en la búsqueda de sitios seguros para descansar y alimentarse. Los especialistas advierten que, aunque muchas especies pueden adaptarse a un tipo de cambio ambiental, pocas logran sobrevivir cuando enfrentan múltiples alteraciones simultáneas.
Autoridades ambientales y científicos reunidos en la COP15 subrayan que las especies migratorias cumplen funciones esenciales para los ecosistemas, como la polinización, el control de plagas y el transporte de nutrientes. No obstante, un informe reciente indica que casi la mitad de las especies protegidas por la convención muestran poblaciones en declive, y que la situación es especialmente crítica para aves y peces. Aunque existen casos positivos —como la recuperación del ciervo bactriano en Asia Central—, expertos coinciden en que la aguja café representa un ejemplo urgente de cómo el cambio climático está alterando los ritmos biológicos que sostienen la vida silvestre.

