El 8 de agosto de 2004, un hecho insólito marcó la memoria urbana de Chicago: un autobús de la gira de Dave Matthews Band descargó aproximadamente 800 libras de desechos humanos sobre un crucero turístico que navegaba por el río Chicago. Los pasajeros del barco “Chicago’s Little Lady”, parte del recorrido arquitectónico de la ciudad, fueron rociados con un líquido marrón amarillento que arruinó su vestimenta y provocó malestar físico en varios de ellos. Cinco personas fueron trasladadas al hospital y todos recibieron reembolsos de sus boletos.

La investigación inicial apuntó al conductor Jerry Fitzpatrick, quien negó responsabilidad y aseguró que el tanque de su autobús no había sido vaciado en días. Sin embargo, las autoridades rastrearon el vehículo a Stefan A. Wohl, otro chofer de la banda, mediante cámaras de seguridad y testimonios. La fiscal general de Illinois, Lisa Madigan, presentó una demanda civil por tres cargos, solicitando multas de hasta 70,000 dólares y una revisión de las prácticas de disposición de residuos de la agrupación.
El caso generó indignación pública y comentarios en programas nocturnos de televisión, mientras la alcaldía de Chicago calificaba el acto como “absolutamente inaceptable”. Aunque la banda cooperó con las autoridades y ofreció pruebas, el daño a su reputación fue inmediato. En un intento de reparar la imagen, el grupo donó 100,000 dólares a organizaciones ambientales locales.
En marzo de 2005, Wohl se declaró culpable de conducta imprudente y contaminación del agua, recibiendo 18 meses de libertad condicional, 150 horas de servicio comunitario y una multa de 10,000 dólares destinada a la organización Friends of the Chicago River. Un mes después, la banda acordó pagar 200,000 dólares para resolver la demanda estatal, comprometiéndose a registrar sus prácticas de vaciado de tanques durante cinco años en Illinois.

A dos décadas del incidente, el episodio sigue siendo recordado como uno de los momentos más embarazosos en la historia de la música en vivo y la vida urbana de Chicago. Más allá de las sanciones legales y económicas, el caso evidenció la importancia de la responsabilidad ambiental en la industria del entretenimiento y cómo un descuido puede convertirse en leyenda urbana.

