En 2008, antes de que el Universo Cinematográfico de Marvel consolidara el género de superhéroes como el más rentable de Hollywood, Sony Pictures intentó llevar a la pantalla grande el cómic The Boys mediante una trilogía dirigida por Adam McKay. Darick Robertson, co-creador e ilustrador de la obra, confirmó recientemente a Rolling Stone que el proyecto avanzó hasta contar con un guion terminado y animáticas de escenas, aunque nunca recibió luz verde en un contexto donde los superhéroes aún no dominaban la taquilla.
El impulso inicial provino de Seth Rogen y Evan Goldberg, quienes al descubrir el primer número del cómic lo presentaron a Sony como una propuesta “loca” y prometedora. La compañía adquirió los derechos y durante una década el proyecto atravesó distintas encarnaciones, hasta regresar finalmente a manos de Rogen, Goldberg y el showrunner Eric Kripke. La idea de una trilogía no se quedó en un simple concepto: se escribieron guiones y se realizaron bocetos de escenas que planteaban un universo cinematográfico alternativo.
Sin embargo, el contexto de la época resultó desfavorable. La propuesta de mostrar a los superhéroes como antagonistas, con un tono explícito y violento, parecía inviable en un Hollywood que aún no había experimentado el auge del género. Robertson incluso imaginaba a The Boys como un equipo de investigadores anti-superhéroes dentro del universo de DC Comics, insinuando que figuras como Superman y Batman eran corruptas, una idea demasiado arriesgada para el momento.
El fracaso de la trilogía no significó el fin de la historia. En 2019, Amazon Prime Video estrenó la serie The Boys, que rápidamente se convirtió en su producción original más exitosa. Robertson aseguró que no cambiaría lo ocurrido, pues la adaptación televisiva logró un impacto cultural y económico que difícilmente habría alcanzado en 2008. “No creo que estuvieran preparados para ello”, reflexionó sobre el intento fallido de McKay.
Además, Robertson reveló detalles sobre la evolución de Homelander, personaje central de la serie. En sus primeras versiones, el villano iba a llamarse “Liberator” y tendría un simbolismo nacionalista con referencias nazis explícitas. Con el tiempo, el creador decidió darle un aire patriótico con la capa americana, inspirado en la idea de que “el último refugio de un sinvergüenza es el patriotismo”. Este cambio consolidó la identidad de uno de los antagonistas más icónicos de la televisión contemporánea.

